APSA - Asociacion de Psiquiatras Argentinos


Psiquiatría y Salud Mental



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Actualizada el: 02-01-2012





Asociación de Psiquiatras Argentinos




APSA y la Comunidad

  • 26 de junio: Día Internacional de Lucha contra las Drogas.

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    Los trastornos por abuso de sustancias constituyen en nuestra sociedad un problema complejo que en mucho excede el campo de acción de los trabajadores de la salud. Involucra una amplísima gama de sectores del quehacer cotidiano de la que ningún integrante de esta sociedad está excluido, tanto en sus causas como consecuencias y en las medidas y acciones necesarias para combatirlos.

    Sin embargo, dado su carácter de dolencia, los médicos y los trabajadores de la salud, juegan un papel fundamental por ser poseedores de los conocimientos necesarios, destinados a ejecutar las acciones correspondientes a la prevención, asistencia y rehabilitación.

    En nuestra sociedad urge tomar medidas y entablar acciones educativas alejadas de cualquier sanción, alternativas que demuestren ser prácticas, y de fácil aplicación. Todo esto fundado en la filosofía que educar e informar tiende a estimular la reflexión y el pensamiento desarrollando en las personas la autoprotección. En esta “guerra” contra el flagelo, de nada serviría eliminar las drogas del planeta sin una tarea tendiente a que el individuo pueda conocer lo mejor posible sus propias limitaciones, que lo alejen de situaciones que pondrían en peligro su integridad.

    Enfocado desde el punto de vista médico, hay sujetos que padecen de trastornos por abuso de sustancias, y por lo tanto el tema de las adicciones debe ser incluido en todos los casos dentro de los sistemas públicos y privados de prevención, asistencia y rehabilitación de la salud en general, y de la salud mental en especial.

    Nadie puede estar excluido de la atención necesaria por derechos sostenidos en las Constituciones Nacional y Provinciales. La sociedad a través de sus representantes, tiene la obligación solidaria de impulsar la atención de quienes lo requieran. Los gobiernos tienen la obligación de administrar los planes de prevención, asistencia y rehabilitación en forma ecuánime y objetiva.

    Es por ello que los programas educacionales deben estar dirigidos al ciudadano común que necesita de los mismos para tomar decisiones tanto en el caso de la concurrencia a un programa de autoayuda como en la instancia de pedir ayuda profesional.

    Los padecimientos por consumo de tabaco y alcohol forman parte de los Trastornos por Abuso de Substancias. Aunque ello es obvio, resulta necesario enfatizarlo, ya que, por su condición de drogas legales, y su consecuente comercialización e influencia directa en el mercado como fuente de trabajo, existe una marcada tendencia a la minimización del problema como tal. La Asociación Médica Mundial ha declarado ya hace tiempo que “Hay pruebas científicas abrumadoras e indiscutibles sobre el hecho de que el tabaco está vinculado con serias consecuencias adversas para la salud de aquéllos que lo usan”. Y respecto del consumo de alcohol desde hace varias décadas han terminado las dudas de su responsabilidad como productor de enfermedad y muerte a mediano y largo plazo.

    Las lesiones y muertes producidas por accidentes de tránsito están fuertemente ligadas al consumo de alcohol y se convierten en un gran problema de salud: aproximadamente en la mitad de ellas ha intervenido un conductor que bebió más de lo permitido por las leyes de tránsito. Además, hay un gran porcentaje de adolescentes jóvenes involucrados en las mismas.
    Por lo tanto, enfatizamos la necesidad de establecer y hacer cumplir las disposiciones relativas a los niveles permitidos de alcohol en sangre para los automovilistas.

    Es por ello que resulta fundamental instituir programas educativos que estén dirigidos tanto al personal profesional como al público en general para difundir, al menos con la misma fuerza que las campañas publicitarias, los perjuicios que acarrean a la salud el consumo de tabaco y alcohol. En este punto merece un párrafo especial la población infantil y adolescente que es blanco, desde hace ya muchos años, de crudas campañas publicitarias de promoción del consumo que, si bien no son causa suficiente para el aumento de la enfermedad, contribuyen fuertemente al recrudecimiento del problema. Esto hace pensar que, en general, la sociedad actual no ofrece a sus jóvenes un entorno sano con mensajes protectores y modelos contenedores para un mejor desarrollo.

    Debe hacerse cumplir con todo el rigor de la ley, la prohibición vigente de venta de tabaco y alcohol a menores de edad, como instancia de protección por parte de la población adulta, a aquellos que transitan una etapa de la vida de gran indefensión en lo que se refiere a la vulnerabilidad mediática.

    En relación a la discriminación a las personas que padecen Trastornos por Abuso de Substancias, alertamos sobre este fenómeno social que lleva a la producción del discriminado como figura despreciable, que invita a la falta de solidaridad y a la consecuente realimentación de la marginación y el circuito de la enfermedad.

    En esta línea de pensamiento, afirmamos que ninguno de los problemas de la salud, incluido el tema de las adicciones, se soluciona sin la participación activa de la comunidad, ya que la marginación se combate con solidaridad.